La nave va
*Punto de partida*
Por Raúl Moreno Wonchee
Entre lo que alevantó el remolino de la transición –no la que en rigor debe ser llamada sucesión, sino la que en las últimas dos décadas ha buscado implantar la democracia sin adjetivos— se contó el informe que el Presidente de la República presentaba cada año al Congreso de la Unión.

En nombre de esa democracia se canceló el acto político donde el Presidente rendía cuentas al pueblo, lo que abonaba la educación política y sentimental (cuántas lágrimas y no pocas bilis fueron derramadas), y que fueron piezas clave para armar el rompecabezas de nuestra historia no tanto en los libros sino en la memoria y la imaginación de un pueblo que a jalones y sobresaltos integraba y fortalecía su identidad.

Con el nuevo siglo llegó la alternancia que trajo 12 años de abandono de la idea nacional y de cumplir responsabilidades institucionales.

Luego la derecha fue derrotada y se abrieron paso las reformas que removieron algunos obstáculos al desarrollo y afectaron privilegios.

Para esa derecha, el “hartazgo” que ella inventó e implantó mediáticamente explica su versión revanchista del 1 de julio.

Pero fue en la impaciente inquietud social generada por las reformas y que los partidos fueron incapaces de comprender y conducir, de donde brotó la energía cívica que encontró en Morena el único cauce.

Si la mutilación de la vida institucional permitió a Fox y a Calderón burlar la rendición de cuentas, eso no debe ocurrir ahora.

Si en privado el presidente Peña ha hecho saber al presidente electo López Obrador las condiciones del Estado, ahora debe informar a la soberanía del Congreso, del estado de la Nación. Y que el pueblo conozca el punto de partida del próximo gobierno.