La provocación
por Raúl Moreno Wonchee
Hay una derecha extrema que no se ve pero se siente.

Aunque oscura, tiene claros objetivos: vulnerar las instituciones democráticas y torcer las causas sociales para que prevalezca la confusión.

Y tiene un instrumento que utiliza con pericia: la provocación.

Desde el rumor calculadamente difundido y la mentira mil veces repetida hasta la violencia enmascarada, su abanico de recursos manejado desde las sombras y sin escrúpulos le confiere una ubicuidad única que le permite polarizar los conflictos y debilitar la convivencia hasta convertirla en disputa violenta.

La provocación está presente cuando actos políticos, religiosos y aún deportivos dan lugar a pasiones colectivas que pueden derivar irrefrenables.

En nuestra historia reciente no son pocas las provocaciones desestabilizadoras.

Elocuentes intentos han ocurrido en las universidades públicas, en la UNAM de manera relevante.

En las últimas semanas, el nombramiento del Rector hizo temer que genuinas inquietudes e inconformidades estudiantiles fueran utilizadas para incendiar la Casa de estudios.

La autonomía y las libertades que la acompañan estarían en la mira no sólo para mutilar a la UNAM sino a la sociedad entera.

Porque la autonomía, lejos de ser un privilegio, es un derecho constitucional del pueblo mexicano.

Y es un derecho social porque tiene origen y destino en el trabajo.

En el trabajo académico que difunde y genera el conocimiento y la cultura.

A pesar de amagos y amenazas, con firme y valiente cautela el rector Enrique Graue logró que el proceso de renovación institucional se apegara estrictamente a la Ley Orgánica, lo que consolida el régimen autonómico como la vía para que los propios universitarios, abiertos a los cambios y transformaciones, escriban nuevos capítulos de la Reforma Universitaria.